martes, 14 de junio de 2011

HASTA EL 40 DE MAYO... PESCANDO EN EL DUERO

El Duero, en su parte alta, revela una de las mejores estampas que un pescador a mosca o cualquier paseante y amante de la naturaleza puede contemplar. Las montañas del Ibérico soriano se alzan majestuosas, reteniendo las nubes que descargan en el lado riojano y envolviendo las partes altas de los picos por esta vertiente.


Aparte de esta vista idílica, la verdad que el tiempo no acompañaba, y es que se hizo patente el refrán "Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo", con viento del noroeste que hacía la pesca bastante díficil y que calaba hasta los huesos, además de una temperatura que apenas rozaba los 18 al principio de la tarde. Ante el panorama un poco desalentador, se sumó el encuentro con Juanpa, un compañero de fatigas que había llegado antes al río, y que decía que las truchas ya se habían movido al medio día.



"Bueno, pues ya que estamos aquí, tiraremos cuatro cañazos a ver que pasa" dijo mi padre, poco convencido de que pudiera haber un buen resultado.


Pues eso hicimos, y viendo que no había actividad en la superficie, puse entonces un par de ninfas y me dirigí a unas corrientes con pozo. A los pocos lances en la deriva, la línea se paró en seco y cayó la primera truchuela de la jornada, a la que le seguiría otra pocos lances después.



Sin embargo, la verdad que lo de la ninfa no me entusiasma mucho, y a la mínima actividad en superficie, cambié a seca, poniendo un tricóptero bien grande en pelo de ciervo, que al menos se ve bien (lo dice un miope). Los resultados no se hicieron esperar mucho, cogiendo dos truchas en sendos remansos, un pelin más grandes que las anteriores, pero siguiendo la pequeña talla que exibieron durante la jornada.





La siguiente esd la misma trucha que la anterior, que refleja el fodo de plantas acuáticas del remanso.

Pescando al agua, conseguí algunas más picadas, dos de las cuales terminaron con la rotura del nailon en la clavada, cosa que achaco a la vejez del hilo del 12 que utilizaba en la punta. Eso de que las truchas se queden con la mosca me cabrea bastante, no solamente por la pérdida del artificial, sino también por el "piercing" que le dejas al pobre animal. Así que, un poco ofuscado, me reuní con mi padre que estaba en una rasera con un poco de corriente, y contra todo pronóstico, se divisaban algunas cebas, eso sí dispersas y no continuas en el tiempo. Aprovechamos entonces este acontecimiento para terminar la jornada con las últimas truchas del día que volvieron a las aguas heladas del Duero y que nos dejaron con un buen sabor de boca.



Un saludo a todos!!

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