miércoles, 9 de junio de 2010

AL FIN ESCAPADA TRUCHERA



Pasada toda la intranquilidad y las noches en vela de los exámenes, la mejor manera de desconectar y de celebrar el comienzo de la libertad es salir de pesca. Tras una semana de tremendos calores, voy a elegir el día en que las temperaturas bajan más de 10 grados y con un cielo amenazante durante todo el día.

El día comienza pronto, a las 7 30, y no me quito la idea de pescar durante toda la mañana; este debía de ser el día. Asi que tras la siesta de mi padre, poco más que le obligo a que ya por fin me llevara a echar unos cañazos. El río en cuestión uno que conocereis bien muchos de vosotros ( el Ucero).

Llegamos al río, y lo que presumiblemente se auguraba una mala jornada se convierte en una esperanzadora con la visión de las primeras cebadas en la superficie de las raseras cercanas al puente. Con la moral por las nubes nos cambiamos lo más rápidamente posible y nos sumergimos en las aguas del río cada uno por su lado. Yo me dirigo río abajo por un camino paralelo al río y me encuentro con una serie de pozos de aguas lentas. No sin dificultad consigo deslizarme entre los zarzales y los chopos de la orilla y me zambullo entre el resbaladizo cieno de la orilla. En los primeros momentos nada interesante, salvo el descubrimiento de un nido de carricero con tres huevecillos entre la maleza de la orilla.









Pronto llega la primera cebada por encima de una rama atravesada, de la cual emerge un apéndice casi vertical. Al primer lance la trucha no rechaza mi emergente y entra franca al engaño. Todos mis esfuerzos en ese momento se dirigen a que no consiga entrar en el refugio natural y que de al traste la captura, levantando la caña y dirigiendo la puntera rio arriba. Ya asegurada ésta con la trucha en la sacadera, admiro la belleza del animal, con grandes pintas negras, ahago una instantánea y vuelta a la libertad.











Se suceden las capturas, hasta que llego a la cabecera de uno de tantos pozos. Justo por encima de un pequeño fresno que divide la corriente en dos mitades, sorprendo a una trucha comiendo en superficie. El lance no es facil y casi rezo por no dejar mi mosca en el árbol anteriormente mencionado. Pero la suerte está conmigo, ya que la mosca cae en mitad de la lengua de agua y la trucha no duda en tomarla desconfiadamente. El pez, de tamaño importante, lucha con todas sus fuerzas para llegar a las raíces del fresno; esfuerzos vanos que terminan estrellandose con la red de mi sacadera. Por un momento me quedo sin aliento, viendo la belleza del animal, y tras contemplar su complexión atlética, dejo que nade parsimoniosamente al refugio que antes no consiguió encontrar.







Desde ese momento la actividad cesó, y me vi obligado a dirigirme ya hacia el puente, que era el lugar de encuentro. La sorpresa me la llevo cuando llegando a este lugar baparezco en un riachuelo a la izquierda del brazo principal del río, ¡ estaba todo el rato pescando en un canal secundario!! La verdad no podría imaginarmelo viendo el tamaño de los pozos.

Salgo de esta jornada con ganas de repetir, pero nunca se sabe, el ucero es un río que te puede brindar jornadas extraordinarias y días que parece un río muerto.

Un saludo a todos.

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